ECONOMÍAS ALTERNATIVAS Y DE PROXIMIDAD. En qué medida la Economía Social y Solidaria (ESS) plantea una alternativa económica al sistema de mercado hegemónico.

Jose Fermín Antxordoki (NOMMAD microcooperativa de iniciativa social)
En la década de los 70, tras años de optimismo económico, aparece nuevamente un periodo de gran crisis del capitalismo. El sistema ya no puede generar rentabilidad, por lo que se reinventa a base de deslocalizaciones de los sistemas productivos y un cambio de la economía productiva a la financiera, o sea, movimiento de capitales a nivel internacional mediante cambios legislativos.
Es aquí donde surge la necesidad de una nueva doctrina económica, neoliberal, en la que se primaba una reducción al mínimo de la intervención del Estado, limitándose su papel al control de los precios mediante la lucha contra la inflación, a través de una serie de políticas monetarias.
En 2008 estalla una burbuja inmobiliaria, en la que se ven afectados en cadena un montón de sectores, y que genera, a posteriori, una serie de medidas de austeridad. Frente a estos recortes sociales, las políticas sociales se convierte en una condición para el crecimiento económico y son necesarias medidas de capital social (educación infantil, activación de políticas familiares…) para incrementar la productividad y el empleo. El modelo de Estado de Bienestar Inversor, a principios del siglo XXI, no está pensado para proteger a los individuos frente a los problemas sociales, sino orientado a la inversión en la ciudadanía para preparar a los individuos para que ellos puedan repararse a sí mismos…individuos activos.
La respuesta de la izquierda postula parámetros para volver a un sistema productivo que proteja el empleo, desmontando para ello el poder de las finanzas, con el objetivo de devolver las condiciones laborales perdidas, y donde se reactiven las protecciones.
En este sentido emergen funcionamientos a modo de hackeos del sistema productivo, que dotan o pueden dotar al mismo de la suficiente homeostasis o equilibrio que pueda llegar a paliar la toxicidad del mismo. Entre estas prácticas se encuentra la Economía Social y Solidaria (ESS).
Autores como Latouche (2007), Laville y Garcia Jané (2009), Martínez Valle (2009) la presentan como un modelo económico más justo, democrático y sostenible, basado en valores como la igualdad, solidaridad y autonomía; y que tiene como principal objetivo la promoción humana y la integración social de toda la ciudadanía. Se trata de una serie de prácticas económicas basadas en unos principios éticos que aspiran a ser normativos en el impulso de las políticas económicas (Askunce, 2013).
Con dos funciones básicas:
1. Función social: hacia una práctica en pro de la capacitación laboral y la integración social y cultural de las personas.
2. Función solidaria: promoviendo valores comentados anteriormente como la igualdad entre sus empleados/as en cuanto a salarios, jornadas laborales, toma de decisiones … así como la sostenibilidad tanto social como ambiental.
Las dos se presentan como una alternativa al sistema de mercado hegemónico, pero mientras la función social es mayormente asumida por organizaciones que priman la visión organizativa empresarial y el éxito de su actividad en un mercado altamente competitivo; las organizaciones de economía solidaria, y en palabras de Askunce (2007), se construye desde una consideración alternativa al sistema productivo y de prioridades en el que actualmente se fundamenta la economía capitalista, que “reivindica la economía como medio, y no como fin, al servicio del desarrollo personal y comunitario, como instrumento que contribuya a la mejora de la calidad de vida de las personas y de su entorno social”.
¿Cuáles son sus puntos fuertes y cuáles sus puntos débiles?
Para referirme a los puntos débiles de la ESS voy a traer los resultados del estudio realizado en 2018 , por Marina Di Masso y colaboradoras del grupo de investigación Sociedades, Políticas y Comunidades Inclusivas SoPCI, de la Uvic.
El estudio se realizó en base a 49 entrevistas, 17 de ellas correspondían a mujeres participantes en espacios laborales de la economía social y solidaria. Uno de los objetivos de esta investigación era analizar en qué medida se puede hablar de impulso de proyectos vinculados a la Economía Social, Solidaria y Cooperativa (ESSC) como alternativa creciente frente a los impactos económicos, sociales y laborales de la crisis, todo ello desde una perspectiva feminista.
Los resultados obtenidos de esta investigación arrojaron las siguientes conclusiones como aspectos de mejora:
Sobrecarga y falta de tiempo. Especialmente mujeres que trabajan en cooperativas  tienen más dificultades para poner la vida en el centro.
La flexibilidad laboral se utiliza para poner más tiempo en el proyecto, cuando inicialmente era pensado para tener más tiempo para la cotidianidad de la vida.
Se mantienen estructuras y divisiones de poder dentro de las ESS. También existe un techo de cristal en los proyectos de ESS en cuanto a cargos y roles para las mujeres.
Precariedad económica y laboral. En estos proyectos ocurren procesos de auto explotación y de precariedad laboral (trabajo voluntario, menor cantidad de horas pagadas por mayor jornada trabajada, rebajas de sueldo según el volumen de actividad,…).
Se genera vulnerabilidad vital y económica. La mayoría de los proyectos se dan en espacios que no han sido tan afectados por la crisis, no nacen en los contextos donde más se necesitan.
Muchas iniciativas han obtenido una financiación ética para comenzar, cualquier proyecto que tenga que ver con superar barreras para su financiación es de partida, más difícil.
Compartir riesgos económicos. Poner en marcha iniciativas sin saber si vas a recuperar lo invertido.
Intercooperación. Romper los espacios tradicionales donde circula la ESS (como alternativa) e ingresar en espacios más mercantiles.
Mala gestión de emociones y conflictos.
Falta de experiencia en trabajo colectivo. En general se mantiene una mirada individual y poca mirada colectiva.
Papel subsidiario de la administración. Las subvenciones han jugado mucho con los ritmos de los procesos y en algunos casos ha sido perjudicial para los propios proyectos, por la presión de tener que cumplir.
En cuanto a sus puntos fuertes y en palabras de Askunze (2013, 107) podemos presentar las siguientes ideas o valores que priman en este modelo de organizaciones:
Aportan una visión de la empresa que orienta su sentido y finalidad hacia el beneficio social, la calidad de vida y el desarrollo de las personas.
Practican una actividad económica ligada a la producción de bienes y servicios beneficiosos, excluyendo la producción de aquellos que sean perjudiciales para las personas, la sociedad o el medio ambiente.
Adquieren un compromiso con la generación de empleos en condiciones dignas.
Practican, en su gestión interna, el fomento de la autonomía, la participación, la corresponsabilidad y la actividad cooperativa.
Desarrollan políticas y medidas de fomento de la igualdad de oportunidades entre trabajadores y trabajadoras.
Establecen escalas salariales justas y proporcionales.
Promocionan la sostenibilidad medioambiental.
Desarrollan actividades empresariales sin ánimo de lucro, donde se reinvierten los beneficios en la creación de nuevos empleos, la mejora de su estructura y el apoyo a otros proyectos sociales.
Fomentan la inserción socio-laboral de personas con especiales dificultades de acceso al mercado laboral.
¿Qué retos y oportunidades plantea?
Uno de los retos más sustanciales de la ESS, obtenido del análisis de las auditorías sociales (REAS-Navarra, 2009, 2011, 2013), que si bien, como señala su autora, no sería extrapolable a otras entidades de la ESS a nivel estado, es el hecho de que sus ingresos derivan en gran proporción de subvenciones (tanto de entidades privadas como públicas) más que de otro tipo de ingresos que generan las entidades a partir de su propia actividad productiva, con lo que las convierte en organizaciones dependientes de  instituciones tradicionales de las que dicen desmarcarse.
Como un segundo reto es planteable la necesidad de democratizar estas entidades en cuanto el acceso a las mismas, en términos de nivel socioeconómico, nivel formativo, capital relacional, origen y responsabilización familiar.
Un tercer reto iría encaminado a poner el bienestar de las personas y sus procesos en el centro, una viabilidad del cuidado y reproductiva por encima de la viabilidad productiva.
Un cuarto reto girará en torno al empoderamiento como una variable relevante desde la perspectiva feminista, entendido este como participación igualitaria en la toma de decisiones, como generación de autoestima, y fortalecimiento de estructuras grupales.
En cuanto a las oportunidades, destacar la existencia de prácticas y herramientas de la Economía Social y Solidaria en todos los campos del ciclo económico y, por tanto, con cada vez más opciones para consumir, intercambiar, relacionarse, participar…, con criterios alternativos a los propuestos por el sistema capitalista.
Lo alternativo se ha convertido también en un modelo de vida, que en mayor o menor grado de implicación, ha conseguido atraer a un sector de la población cada vez más numeroso,  que está reinventando las relaciones con el establishment económico.
Esta masa crítica que establece sus prioridades más en la transformación que en el sometimiento a un sistema de valores deshumanizado, es la base sobre la que las ESS van a construir y cimentar su futuro.
Bibliografía.
Askunze, C. (2007). Economía Solidaria en Celorio, G.; López de Muniain, A. (coords.): Diccionario de Educación para el desarrollo. Bilbao: Hegoa, pp. 107-113.
Askunze, C. (2013) Más allá del capitalismo: alternativas desde la Economía Solidaria. ISSN 0417-8106, Nº 168, págs. 91-116
Di Masso, M.; Ezquerra, S. y colaboradoras. (2018) proyecto de investigación “Crisis y Alternativas en Femenino”. Grupo de investigación Sociedades, Políticas y Comunidades Inclusivas (SoPCI) de la Uvic.
Latouche, S. (2008): “¿Cómo llevar a cabo el decrecimiento?”. En Latouche, (2008): La apuesta por el decrecimiento. Barcelona: Icaria.
Laville, J. L. y García Jané, J. (2009):Crisis capitalista y economía solidaria: una economía que emerge como alternativa real. Barcelona: Icaria.
Martínez Clamens, A. (2015). Trabajo Fin de Grado “La Economía Solidaria como Movimiento Social: el caso de REAS-Navarra”. UPNA.
Martínez Valle, L. (2009): “La Economía social y solidaria: ¿mito o realidad?”. Íconos:Revista de Ciencias Sociales, ISSN-e 1390-1249, Nº. 34, 2009, págs. 107-113.

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